sábado, 12 de septiembre de 2015

El bienestar de los personajes



He encontrado, a lo largo de todos los juegos de video que he tenido la oportunidad de jugar, un común denominador en la experiencia de cada título. Los personajes secundarios y las misiones secundarias.

Me refiero en particular a todos esos personajes con los que nos cruzamos en algún momento de nuestro viaje a través de algún juego; personajes que tienen necesidades insatisfechas, problemas personales o debilidades que requieren ser atendidas y que solo tú, el héroe, eres capaz de ayudarlos.

Es bastante probable que ayudar a este sin fin de personajes ausentes aporte en poco o nada al desarrollo de la historia del juego, quizá tampoco recibas alguna recompensa por ayudar y muy probablemente solo inviertas tu tiempo a cambio de una baratija; sin embargo, es menester de cada uno de nosotros, como personajes principales, abonar un poco por la salud del mundo que nos rodea.

A grandes rasgos y en gran medida, ser el héroe de una aventura implica asumir la responsabilidad, no solo de salvar al mundo, rescatar a la princesa o derrotar al villano; sino también asumir el hecho de convertir esa tierra mágica que visitamos en un mejor lugar para vivir.

Ayudar, o no ayudar, como dije antes, pude que en nada afecte al conflicto principal del juego. Pasar de largo una misión secundaria bien puede ahorrarte un par de horas en el juego y quizá esos puntos de experiencia de regalo no te hagan falta más adelante. Yo por mi parte, prefiero pensar que esa experiencia, al ayudar a un prójimo en desventaja, no se quedan en el héroe del juego, sino en ti, videojugador.

Shulk en Xenoblade procura ayudar a quienes lo necesitan.
Recordemos a Link escapando de la isla Koholint. Recordemos como ese pequeño mundo se desvanece en lo que, para él, aparentaba haber sido solo un sueño. Pensemos en Marin y en cómo juntos y sin importar el desenlace, debían de hacer de la isla un lugar donde las bestias y los monstruos no dañaran a la población. Al final, sueño o realidad, despertamos con la tranquilidad de no haber escatimado ni una gota de nuestro esfuerzo por traer paz a la población.

Nosotros, metafóricamente, tampoco podemos estar seguros de que, una vez que terminemos un juego y apaguemos nuestra consola, ese mundo fantástico se diluirá suavemente para finalmente dejar de existir.

Igual que en esa sencilla analogía, amigo videojugador, cuando disfrutes de cada nueva aventura en tu consola, date el tiempo de ocuparte del bienestar de los personajes. Al cabo que cuando termine nuestra propia aventura por nuestro propio mundo, y despertemos; podremos estar seguros de que hicimos hasta lo imposible por dejar en nuestro camino un mejor universo de que originalmente nos encontramos.